Nguyen Ngoc Huong y Kim Hoang Khang nacieron y crecieron en Hon Chuoi, una de las islas estratégicas del suroeste de Vietnam.

Ambos cursan niveles distintos, pero comparten aula bajo la guía directa de Tran Binh Phuc. Se trata de la clase solidaria del puesto de guardia fronteriza de la isla. El grupo reúne a once alumnos distribuidos en cuatro niveles, primero, tercero, cuarto y quinto, en un espacio singular: una sala situada a media ladera, con tres pizarras dispuestas en distintos ángulos y pupitres orientados en direcciones opuestas para atender simultáneamente varias lecciones.

“Mi clase se organiza conforme a un modelo multigrado. Habitualmente se combinan dos niveles; aquí trabajamos con varios. Ello exige un sólido dominio de los contenidos y competencias pedagógicas bien desarrolladas. Los alumnos adquieren las bases necesarias y, al trasladarse al continente, logran seguir el ritmo de sus compañeros. Es, sin duda, lo que más valoro tras tantos años de dedicación”, dijo el soldado.

Desde su llegada al puesto en 2010, Tran Binh Phuc se fijó un objetivo claro: que los niños de la isla aprendieran a leer y escribir. Licenciado en Ciencias Sociales y Humanidades por la Universidad Nacional de Ciudad Ho Chi Minh, no contaba con formación pedagógica. Aprendió por su cuenta, pidió orientación a docentes del continente y dedicó largas noches a preparar clases. A esa dificultad se sumó otra: convencer a las familias. Durante dos años, perseveró hasta ganarse su confianza y demostrar que la educación podía abrir un futuro distinto para sus hijos.

“Me impresionaban profundamente sus miradas: inocentes, pero cargadas de tristeza. Como soldado, asumí el compromiso de transformar esa realidad. Hoy, los rostros de mis alumnos reflejan alegría. Hemos llevado confianza y, en cierta medida, bienestar a esta isla. Para mí, eso lo significa todo”, señaló Binh Phuc.

En cada lección, el profesor integra el amor por la patria y refuerza el sentido de responsabilidad hacia la tierra donde sus alumnos han crecido. La precaria aula inicial ha dado paso a un espacio más digno, sostenido gracias al esfuerzo conjunto del maestro y los soldados, que también proporcionan ropa, libros y material escolar. Los mayores ayudan a los pequeños, en una dinámica que refuerza el aprendizaje colectivo.

Nguyen Hoang Hao, alumno de quinto grado, dijo lo siguiente:

“En la clase del profesor Phuc aprendí a leer y escribir, lo que me produce una gran satisfacción. Él me encomendó apoyar a los alumnos más pequeños. Les enseño las letras y eso me llena de alegría”.

Aunque su destino inicial en Hon Chuoi era de cinco años, Tran Binh Phuc solicitó prolongar su estancia. En más de una década y media ha formado a 98 alumnos. Siete han obtenido títulos universitarios; otros muchos han aprendido un oficio y cuentan con empleo estable. La clase solidaria forma hoy parte del sistema educativo de la comuna de Song Doc, en Ca Mau. Las familias confían en que los sueños de sus hijos pueden hacerse realidad.

Hoang Thach Giang, radicada en la isla, expresó: “Mi hija estudió aquí y posteriormente se trasladó al continente para aprender un oficio. Ahora es el turno de mi hijo. Gracias a esta escuela, los niños aprenden a leer y escribir y, llegado el momento, continúan su formación fuera de la isla. El profesor es una persona sencilla y profundamente entregada; profesa un gran afecto por sus alumnos”.

En fechas señaladas, antiguos alumnos regresan desde distintos lugares para reencontrarse con su maestro. Algunos prosiguen sus estudios; otros ya se han incorporado al mundo laboral. Se reúnen en torno a él, comparten sus logros y le expresan su gratitud por la guía recibida. Él corresponde con un gesto sencillo: un cuaderno y un bolígrafo. Con ellos, esos jóvenes continúan escribiendo su propia historia y contribuyen, paso a paso, al desarrollo de su tierra.