Vietnam se adentra en una nueva etapa en la que se entrelazan oportunidades y desafíos. Ya no basta con crecer rápido. La prioridad es hacerlo en la dirección correcta, con las personas en el centro.

Que los frutos lleguen al pueblo

To Lam insistió en que las políticas, los proyectos y las inversiones deben generar valor tangible con más ingresos, menos pobreza, menor brecha de desarrollo, mayor bienestar y plena garantía de los derechos e intereses legítimos para los vietnamitas. La distribución equitativa de los beneficios, añadió, resulta clave para sostener el consenso social y asegurar un desarrollo duradero.

Este enfoque no solo define la esencia del sistema, sino que actúa como criterio último para evaluar cualquier política pública.

El crecimiento, por sí solo, no es el objetivo, lo es mejorar la vida de la población. Si el PIB aumenta sin reflejarse en los ingresos reales, si las desigualdades persisten o se amplían, o si el acceso a la educación, la sanidad, la vivienda, el empleo y la protección social sigue siendo desigual, ese crecimiento queda incompleto.

La experiencia lo confirma. Cuando se vincula a la protección social y la reducción sostenida de la pobreza, el crecimiento se asienta sobre bases más sólidas. Según el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, la tasa de pobreza multidimensional se situó en el 2,95 en 2025, frente al 4,06 registrado en 2024, conforme al estándar vigente para el periodo 2022–2025.

Pero reducir la pobreza no es solo una cuestión de cifras. Implica ampliar el acceso a servicios básicos, reforzar la capacidad de los hogares para afrontar riesgos y evitar recaídas en la vulnerabilidad.

En esta línea, el secretario general To Lam planteó acelerar la elaboración de una resolución sobre el modelo de desarrollo en la nueva etapa, sustentado en la ciencia, la tecnología, la innovación y la transformación digital. A medida que los motores tradicionales pierden impulso, el crecimiento deberá apoyarse en el conocimiento, los datos, la capacidad innovadora y la calidad institucional.

Crecimiento y calidad de vida, un binomio inseparable

En el proceso de renovación, el Partido Comunista de Vietnam ha situado el desarrollo económico como tarea central. El país ha logrado avances notables y se ha convertido en una de las economías más dinámicas de la región. Sin embargo, la experiencia advierte de los riesgos de priorizar la velocidad sin atender a la calidad ni a la distribución del crecimiento.

La premisa es clara: no crecer a cualquier precio. Una economía sólida es la que sirve al interés general. Esto exige revisar a fondo la formulación y ejecución de las políticas. No basta con aumentar la inversión, sino que es imprescindible medir su impacto social. No solo es necesario atender al corto plazo, sino también a sus efectos duraderos sobre la comunidad y el entorno.

En este sentido, el profesor asociado y doctor Nguyen Viet Thong lo resumió: “La posición del Partido ha sido inequívoca y sostenida en el tiempo: el crecimiento económico debe concebirse en estrecha e indisociable vinculación con el progreso y la equidad social, la generación de empleo, la erradicación de la pobreza y la plena garantía del acceso universal a la educación”.

De esta manera, la firme apuesta por un crecimiento al servicio del pueblo y de la justicia social se erige como un principio que refleja con nitidez la orientación socialista de la economía. La plena asimilación y aplicación coherente de este enfoque resultarán determinantes para que Vietnam no solo logre un crecimiento elevado, sino que avance hacia una sociedad más justa, civilizada y feliz.