Por Hugo Rius (Prensa Latina, Cuba)

Vietnam lo quiso poner de relieve a lo largo de la semana conmemorativa tras esmerados preparativos para que nada faltara de la memoria histórica: ni testigos vivos, imágenes gráficas y sitios por donde pasó el muy aguardado visitante en septiembre de 1973.
Más allá del emotivo acto central que todos los radioescuchas y televidentes del país pudieron seguir en directo, transmitido en vivo desde un estupendo teatro, inimaginable cuatro décadas atrás, la conmemoración se extendió a otros escenarios recorridos.
Arropada por el calor de los anfitriones una delegación cubana, encabezada por el ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, fue hasta el elevado hito que marca el paralelo 17, por donde comenzó el particular protagonismo histórico de Quang Tri.
El sitio marcaba algo de lo logrado en los acuerdos de Ginebra de 1954, que selló la derrota del colonialismo francés en la célebre batalla de Dien Bien Phu, conducida por el eminente general Vo Nguyen Giap.
Pero también esa línea provisoria y en el fondo artificial para un único pueblo, recuerda el incumplido compromiso de reunificación pacífica con la parte sur, que la intervención estadounidense impidió.
A bastantes kilómetros de allí, traspasando lo que fuera aquel límite se llega al primer territorio liberado, el 14 de abril de 1972, por donde pasaba la llamada línea MacNamara, transferida después al ejército títere de Saigón.
Un túmulo piramidal con una inscripción se levanta ahora, apenas la única señal de la contienda bélica en medio de riadas de escolares uniformados y alborozados que escoltan a los visitantes por los senderos, blandiendo banderitas de Vietnam y Cuba.
Los guías se entregan a contar con brillo en los ojos que fue en este espacio donde el Comandante Fidel Castro aparece en una foto con un pie sobre un cañón arrebatado al enemigo a la que los vietnamitas le otorgan simbólica significación.

En esta rememoración no podía faltar la sede del gobierno provisional de Vietnam del Sur, un antiguo recinto de un emperador, de 1829, declarado patrimonio nacional desde 1981, que conserva el sencillo mobiliario que acogió en Fidel Castro al primer jefe de Estado en llegar todavía en plena guerra.
Un viejo auto Volga readaptado para transportar a huéspedes de alto nivel, unos 25 hasta 1975, se exhibe en el complejo monumental junto a una de las bicicletas de entonces, que eran los predominantes medios de transporte.
Otra huella de hondura dejada se localiza en donde estuvo un pequeño hospital que visitó el líder de la Revolución cubana y que al año siguiente, cumpliendo una propuesta suya, comenzó a construir otro nuevo, y en 1981 ya estaba en operación con 264 camas y la mejor técnica del momento.
Hoy este centro ha crecido y sigue creciendo, dispone de 680 camas, 36 especialidades y atiende a cerca de un millón de pacientes anuales y según subraya su director a la delegación cubana, al exponer logros y recursos destinados, no hubiera sido posible sin la semilla sembrada cuatro décadas atrás.
Lo mismo ocurre en los desplazamientos por tramos de la ruta Ho Chi Minh, que acometieron constructores cubanos en otra decisión solidaria de Fidel Castro, cuyo paso por Quang Tri perdura en el tiempo como expresión de hermandad indestructible.
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